Cuando elegir tipografía cambia por completo la historia de una marca

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Desde la invención de la imprenta y los primeros tipos móviles hasta la digitalización de hoy en día, elegir la tipografía adecuada en cada momento se ha convertido en algo vital para transmitir nuestros mensajes. Una novela dramática no tendría la misma solemnidad escrita en Comic Sans MS y una aventura gráfica no tendría la misma potencia visual con una Times New Roman.

Cada tipografía fue diseñada para un contexto específico o, al menos, para unos usos más o menos prestablecidos. De ahí en adelante, la libertad de los diseñadores gráficos y profesionales de la publicidad ha hecho que algunas de ellas, sean reconocidas mundialmente por formar parte de las imágenes visuales corporativas de las empresas más importantes del mundo. Nos adentramos un poco más en el mundo de las tipografías y cómo su uso puede supones cambiar por completo un mensaje.

Cómo clasificar una tipografía

Como decía mi profesor de Diseño Gráfico en la universidad: “escoger una tipografía es como escoger una novia. Cuando ya tienes una y estás seguro, comienzas a ver que hay muchas más y no sabes si realmente has escogido bien”. Y es que hay tantas tipografías como diferentes contextos donde las podamos utilizar. Además, por si fuera poco, cada día se crean nuevas tipografías para nuevos usos por lo que una categorización pormenorizada es prácticamente imposible.

Pese a todo, desde el comienzo del uso de tipos móviles en imprentas antiguas, se ha hecho un esfuerzo por mantener clasificadas las tipografías dependiendo de una serie de variables. Lo que en un primer momento fueron clasificaciones dependiendo del estilo cultural y geográfico de las imprentas (llevando a clasificaciones por país y periodo histórico cuando fueron creadas); se fue llevando a un entorno más polarizado.

El auge y predominio del diseño gráfico digital ha llevado a una clasificación centrada en una serie de parámetros básicos fáciles de medir. Como el número de tipografías no hace más que aumentar, los expertos han ido estableciendo una serie de parámetros para medir y clasificar tipografías centrándose principalmente en el hecho o no de que tengan “serifa”.

¿Qué es la serifa?

La mejor forma de ver qué es una serifa es comparar dos tipografías como Helvética y Georgia. La primera de ellas, de palo seco, tiene una terminación recta sin apoyarse en los renglones (imaginarios o no) que tendría sobre la línea horizontal sobre la que se apoya. Una tipografía que transmiten un mensaje sencillo pero conciso y claro.

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En el otro lado de la moneda tenemos la Georgia, con una terminación que en este caso si se apoya en el renglón, la línea horizontal donde se apoya. Las llamadas tipografías con serifa provienen de la clasificación romana y se dice, aunque no existen concluyentes al caso, que facilita la lectura ya que permite una concatenación de letras-palabras de forma más natural.

Desde luego, esta clasificación contiene muchas más pequeñas categorías puesto que las tipografías con serifa poseen múltiples tipos dependiendo del tipo de unión entre caracteres como la egipcia, romana o lapidaria. Además hay que tener en cuenta el resto de elementos tipográficos así como dónde (qué soporte) van a reproducirse esas tipografías: papel, pantalla, etc. Todas aquellas tipografías que no se encuentran entre las que poseen o no serifa, se incluyen en un cajón de sastre que engloba tipografías a mano (manuscritas), góticas,ornamentadas, monospace, etc.

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